NAUFRAGIOS (fragmentos)

1

Una ola nos empujó contra las maderas que se encontraban al final de la popa. Era un viento muy veloz y parecía que no quería calmarse. Las olas tenían una altura de unos quince a veinte metros. Eran como enormes muros de hormigón. El cielo estaba gritando como nunca lo había hecho antes. Mis hombres y yo intentábamos hacer todo lo posible por salir de ese infierno, pero era casi imposible salir vivos de esa tormenta.

No teníamos ninguna esperanza hasta que de pronto Zeus y Poseidón nos dieron una segunda oportunidad. No lo podíamos creer pero de nuevo los dioses estaban de nuestra parte. Pero todo no había acabado ahí; nos dimos cuenta de que en el interior del barco se había abierto un gran agujero por el que entraba gran cantidad de agua que nos iba a llevar al fondo del Atlántico.

José Galindo

2

Como todas las tardes, subía colina arriba para intentar divisar alguna vela en el horizonte, y al llegar la noche encendía una gran hoguera que no iluminaba nada más que su esperanza.

La isla silenciosa parecía dormir con él, hasta que asonaba sobre la línea del mar el brillante sol de la mañana, y Juan se preguntaba: “¿Cuánto tiempo estaré en esta prisión? ¡No aguanto más!”.

Yaneris Morel

3

Cuando el grupo de personas, las más inteligentes de la travesía,   miraba el plano mojado del barco para saber dónde estaba la sala de control, uno de ellos dijo: “Creo que he pasado por ella cuando estábamos en el puerto con el grupo de visita. ¡A ver si tenemos  suerte y hay alguien con vida en este barco!.” Mientras que se iban acercado a la sala de control, cada vez parecía que el olor era más fuerte, como si hubiese algo podrido, o un perro muerto.

Según avanzaban por el interior del barco, según penetraban en el misterio,  se les fue la luz de las linternas y todos notaron como si algo les hubiese rozado la cabeza. Un relámpago de hielo recorrió sus cuerpos. Cuando se encendieron las linternas, de repente, vieron al final del pasillo la puerta de la sala de máquinas y ¡zas!, un golpe de ola sacudió el barco. Una vez en la sala de control las chicas, a un hombre que  decía ser el segundo capitán del barco, encontraron.

Carlos García

5

Se encontraron y se miraron y se besaron. Con el sonido de las olas la susurró: “Te quiero”.  Era bonita la tarde, la tarde de verano que llenaba de alegría sus corazones. Las horas a su lado… minutos;  los minutos… ¡nada! Ella temblorosa, subió a la barca. Cuidadoso él, la ayudaba. “¡Qué bello es el amor!”,  piensa. El tiempo pasaba volando para los enamorados. Y sin darse cuenta cayó la noche oscura y calurosa.

La  primera gota golpeó sobre la tabla y con ella se desató una tormenta.  Asustados  se levantaron de la barca tambaleándose.  Cayeron  al agua… como si de peces se tratase. Nadaban y nadaban… Pero  la barca estaba del revés. Nada podían hacer nada para llegar a tierra, pues  estaban muy lejos.

Elisabeth Martins

6

Cuanto más bravío se vuelve el océano, más crecen mis ganas de flotar. Exploro el horizonte de Norte a Sur, de Este a Oeste. Recorro centímetro a centímetro con mis sentimientos flotando en el mar de aguas saladas. Sé que jamás volveré.

El movimiento de las olas me hace llegar más cerca y más lejos de su puerto. ¿Cuándo  llegaré? ¡Qué emoción! Sin descanso y con muchas ganas cruzaré el infinito. Vibran mis emociones con cada impulso de las aguas. Estoy segura de que temprano salí y temprano llegaré.

Elisabeth Martins

7

El sol calienta sus cuerpos mientras el amor y el odio se juntan en ellos. ¡Bendito amor!, llora, llora tu desilusión. Temprano se levantan en el día de lluvia, temprano vais al mar. Las olas marcan su ruidoso rugido, reiterativo sonido.

Estaba la primavera en su grandioso apogeo y brillaba radiante. El alma se les sale por la boca. Sus cabellos son dorados como el sol. Viven en paz con la naturaleza y en guerra con sus cuerpos.

Rosa Vázquez

8

El mar rugía y de repente ¡crass! la balsa de hundió en el negro, hondo, inmenso mar. Los dos ocupantes nadaron y nadaron hasta divisar una visible aunque lejana isla perdida de la mano de Dios.

Los días fueron muriendo y los dos supervivientes tenían que apañárselas para subsistir con los escasos alimentos que proporcionaba la pequeña tierra. La recorrieron de arriba para abajo y de abajo para arriba sin hallar más resto de civilización que el de unos dibujos y unas barcas primitivas con unos agujeros más grandes que ellas mismas…

Carlos de la Fuente

9

A lo lejos divisaban unas montañas preciosas que parecían señoras vestidas de blanco. El mar estaba muy tranquilo, sólo se oía el grito de alguna gaviota.

De repente la tranquilidad se fue a pique. Apareció a seis metros un enorme tiburón. Se acercó y mordió la barca, por donde estaba el combustible. Entonces el motor dejó de funcionar.

Rosa Jiménez

10

Eran las seis y media. Estábamos los tripulantes sentados pensando si volverían las blancas gaviotas. Sentimos algo extraño en el motor del barco. No lo dimos importancia; pero seguidamente se volvió a escuchar otro ruido más fuerte. “¡Por Dios, qué ha sido eso!”. La gente se asustó. El barco dejó de caminar y empezó a balancearse hacia los lados. Todos gritaban y corrían en busca de sus familias y en busca de botes salvavidas situados a los lados del barco. Después, todo ocurrió muy rápido: el barco se rompió por la mitad -¡qué maravilla!-, la parte de proa se empezó a hundir y la parte de popa se levantó hasta que la nave se rompió totalmente. La popa cayó de golpe al agua, y en ese momento comencé a llorar mientras las gaviotas parecían cantar…

Hoy es el primer día en esta isla tan enorme, sola sin mi gente, tras una noche negra que cubría el firmamento. La difícil supervivencia me obliga a encontrarme desesperada. El clima es agradable aunque a lo lejos se divisan nubarrones. El aire canta entre las densas ramas. El inmenso mar está frente a mí y me encuentro bastante irritada. Sólo de pensar que no volveré a ver más a mis amigos, a mi familia, me desespera. Sólo tengo conmigo una navaja, un mechero y una  cajetilla de tabaco que justo había comprado antes de embarcarme. Fumo un pitillo tras otro con mis labios de color rubí, sin control. Estoy agotada. Sólo espero dormirme y despertar en mi cama y descubrir que esto no es más que una horrible pesadilla. Pero la horrible jaqueca que tengo me obliga a pensar que esto es un infortunio más de la vida, una jugarreta más del destino, y,  por lo  tanto, habrá que llorar riendo.

Mª Ángeles Valenciano

11

Mientras una enorme tormenta abarcaba todo el océano, un barco surcaba el mar sin rumbo ya que las olas lo desorientaron por completo. Mientras bajaban las velas e intentaba pasar a su interior, alguno de ellos escuchó  una trompeta acercarse poco a poco. Bajó enseguida a contárselo a todos, pero la cubierta estaba llena de agua, y si abrían la trampilla, toda el agua se  colaría. Todos se callaron y pusieron el oído para escuchar lo que estaba ocurriendo fuera, y esta vez no sonaba una trompeta si no varias a la vez. De pronto, la música se paró en seco y gritaron: “Salid”. Pero como estaban atemorizados por la tormenta, no querían salir por no arriesgar su vida.

Uno de ellos decidió curiosear un poco, porque no se explicaba qué hacía un hombre o varios tocando la trompeta con esa tormenta. Preguntó a grandes voces que quién había y quiénes había llamado; pero nadie contestó porque estaban escondidos en las agitadas, verdosas, sucias y gigantescas olas. No se distinguía nada, hasta que salió uno de ellos y dijo que era tritones, trompetistas de los abismos marinos. El  curioso les invitó a entrar en el barco, pero, en seguida se sorprendió al verles el cuerpo entero: tenían forma humana y cola de pez.

Verónica Íñigo

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