ESCENAS DE HAPPY THANK YOU MORE PLEASE

HAPPY THANK YOU MORE PLEASE es una comedia romántica escrita, dirigida y protagonizada por Josh Radnor (2011)

Sam Wexler es un joven escritor que no está teniendo uno de los mejores días de su vida. Se despierta tarde, y con resaca, para asistir a una importante reunión con el director de una de las editoriales más prestigiosas de Nueva York. De camino a su cita se encuentra con un niño que ha perdido a su madre en el metro, y Sam se debate entre continuar su camino, como si nunca hubiera visto al niño o hacerse cargo de él mientras encuentra a su familia. Tras intentar sin éxito localizar a la familia del pequeño Rasheen, Sam decide llevarlo a su cita en la editorial, que es un estrepitoso fracaso.

La vida de Sam gira en torno a la de sus amigos, un grupo de neoyorquinos que, a punto de entrar en la edad adulta, tratan de resolver sus dudas sobre el amor y la amistad. La vida sentimental de Sam no va mucho mejor que su carrera, pasa de una relación a otra, evitando cualquier tipo de compromiso, hasta que encuentra a Mississippi, una hermosa camarera y cantante. Queda tan impactado con ella que le propone un curioso trato que hará tambalearse su vida y la de sus amigos.

Sam vuelve al bar donde ha conocido a Mississippi.

Mississippi.  ¡Hola! Has vuelto

Sam.  Cumplo mi palabra, Mississippi.

Mississippi. ¡Sam!

Sam. M i s s i s s i p p i

Mississippi. Muy bien. ¿Y tu hermanito?

Sam.  ¿Quién?

Mississippi. El niño

Sam.  Oh, ya. Sí, sí. Está bien.

Mississippi. Es genial lo que haces.

Sam.   Sabes, eres buena en tu trabajo

Mississippi. ¡Venga!

Sam.  ¡En serio! Te he estado observando y eres buena.

Mississippi. ¡Vaya! Debo de ser una actriz estupenda, porque odio este maldito trabajo.

Sam.  ¿Eres actriz?

Mississippi. No

Sam.  ¿Qué haces entonces?

Mississippi. Canto.

Sam.  ¿Cantas? ¿Canciones?

Mississippi. Sí. Canciones, cabaret.

Sam.  Ah!

Mississippi. ¿Qué haces tú?

Sam.  Escribo

Mississippi. ¿Palabras?

Sam.   Sí, palabras… Así que cantas, ¿y se te da bien?

Mississippi. Ven a verme, a ver qué opinas.

Sam.  Nunca podría ir a verte cantar.

Mississippi. ¿Por qué?

Sam.  Porque me gustas

Mississippi. ¿Qué tiene que ver eso?

Sam. ¿Te alegras de verme?

Mississippi. Aún no lo sé. ¿Qué pasa contigo? ¿Por qué no quieres oírme cantar?

Sam.   ¿Quieres saberlo?

Mississippi.

Sam.  Hace tiempo salí con una chica que estaba loca por ser actriz. No sabía hablar de otra cosa. Fui a verla actuar a una obra.

Mississippi. ¿Era mala?

Sam.  Nunca pensé que alguien pudiera tener tan poco talento. Tuve que romper con ella.

Mississippi. ¿Porque era mala actriz?

Sam.  Me da igual que fuera buena o no, pero ella estaba convencida de que lo era, y pensé, ¡joder!, esta chica no se conoce en absoluto… Estoy convencido de que cantas de miedo, así que por eso no puedo ir, porque si descubro que no vales lo cambiará todo.

Mississippi. ¿Y si soy increíble?

Sam.  ¿Y si no?

Mississippi. ¿Y si tú eres mal escritor?

Sam.  No lo soy

Mississippi. ¡Vaya!, qué peligro tienes.

Apartamento de Sam. Entran al dormitorio sin despertar al niño.

Sam.  Mira, esta es mi habitación. ¿A que se está bien aquí?

Mississippi. De maravilla. Eh…

Sam.  ¿Eh, qué?

Mississippi. No voy a acostarme contigo.

Sam.  Creo que sí.

Mississippi. No puedo.

Sam.  Vamos, no seas pesimista. Puedes hacer todo lo que te propongas… ¡pssss! ¡El niño!

Mississippi. ¿Siempre duerme en tu casa?

Sam.  Es mejor que su hogar.

Mississippi. Sam, en serio. No voy a acostarme contigo.

Sam.  ¿Tu religión no te lo permite? ¿Va de eso?

Mississippi. Hice un propósito el año nuevo.

Sam.  ¿Cuál?

Mississippi. El de no ser tan fácil.

Sam.  ¿Y cómo lo llevas? (Intenta besarla)

Mississippi. No, no, no. Apenas te conozco. Sé que tienes toda clase de teorías absurdas. No voy a acostarme contigo.

Sam. Está bien. No deberías quedarte esta noche conmigo.

Mississippi. ¿Ah, no?

Sam. Deberías pasar las tres próximas noches conmigo.

Mississippi.  ¿Qué?

Sam.  Lo digo en serio, quédate conmigo tres días. Te doy unas llaves y vas y vienes a tu antojo.

Mississippi. Ya sabía que esa última copa no era una buena idea.

Sam.  Es algo increíble. Mira, estoy de acuerdo en que los rollos de una noche son lo peor.

Mississippi. Así que quieres tener uno de tres.

Sam.   Sí

Mississippi. ¿Usas siempre ese truco, o qué?

Sam.  No

Mississippi. Eso se lo has dicho antes a otras tías.

Sam.  Se me acaba de ocurrir ahora mismo. No me digas que no es genial.

Mississippi. Es la peor idea que he oído en mi vida.

Sam.  Te quedas aquí tres días y quién sabe lo que puede pasar. Si nos acostamos sólo una vez seguro que… no te llamo más.

Mississippi. ¡Que lo has dicho en voz alta!

Sam.  Vamos, vamos. Vive conmigo tres días.

Mississippi. Vale. Mi madre me advirtió sobre los tíos como tú.

Sam.  Piénsalo, será todo una aventura. Cocinaremos, lo haremos por todas partes, jugaremos con el adorable niño que duerme en el sofá del salón…

Mississippi. ¿Hablas en serio? No nos pegaremos ¿No será raro?

Sam. 

Mississippi. No sé. Esto es… No me vas a aguantar tres días.

Sam. Claro que sí. No te lo estaría pidiendo si no…

Mississippi. Lo haces porque estás pedo. ¿Vas a estar así los tres días?

Sam.  Probablemente.

Mississippi. Estás loco.

Sam.  Vas a quedarte aquí durante tres días. (Coge un papel y un bolígrafo)

Mississippi. ¿Qué haces?

Sam.  Hacerlo oficial. Las condiciones del contrato.

Mississippi. Oye, ¿yo no opino sobre ese tema?

Sam.  Está bien, ¿qué condiciones?

Mississippi. Si me voy a quedar contigo tres días, debes ser amable.

Sam.  Vale. Yo quiero que estés desnuda.

Mississippi. Sam, me siento un poco frágil últimamente. Sé amable conmigo.

Sam.  De acuerdo. Firma.
 

Charlie  y  su  novia  Mary  Catherine  atraviesan  un momento  difícil  en  su  relación  cuando,  tras  recibir  una  oferta  de  trabajo  en  Los Ángeles, Charlie empieza a plantearse muy seriamente el traslado. 

Charlie. Tengo una curiosidad, ¿por qué odias tanto Los Ángeles, Mary?

Mary.  Porque es el epicentro de todo lo horrible.

Charlie.  Espera. Dann me ha dicho algo increíble sobre Los Ángeles. Dice que la ciudad entera es como un gran lienzo en blanco y que puedes pintar en ella lo que quieras. Es como un grupo de barrios donde siempre hace sol y que básicamente lo que hace es reflejar lo que tú proyectes. O sea, que si eres feliz, es genial. Si no lo eres, es una mierda; pero no tiene que ver nada con la ciudad porque, fíjate, Los Ángeles no existe.

Mary.   ¿Y?

Charlie. Y… ya está.

Mary.  Si no como algo pronto te voy a dar un bocado. ¡Vamos!  ¿Qué pasa? Vale, ¿qué más te dijo?

Charlie. Quiere que seamos socios, a partes iguales, pero tendríamos que marcharnos allí.

Mary.  ¿Cuándo?

Charlie. A final de mes.

Mary. Y… tú quieres hacerlo.

Charlie. ¿De qué tienes miedo?

Mary. Tengo miedo de que se me funda el cerebro, tengo miedo de que nunca volvamos a pasear por ningún sitio, de que no nos vuelva a interesar nada excepto la taquilla el primer fin de semana y las clases de pilates.

Charlie. Sí, pero serían las mejores clases de pilates.

Mary. Allí no hay arte.

Charlie. No digas tonterías

Mary. No tienen cultura. Nueva York lo tiene todo: los mejores restaurantes, museos, teatros, cines…

Charlie. Vale. ¿Cuántas veces a la semana vas tú a un museo? Sólo por curiosidad.

Mary. Esa no es la cuestión

Charlie. Sí que lo es. ¿Por qué gastar una pasta en vivir aquí si no lo aprovechamos? Podemos vivir en otro sitio y venir aquí de vez en cuando y hacer algo de eso: ir al Metropolitan, ver algún musical, ir al Carnival… ¡Vaya, es un sándwich enorme!. No sé si podré comérmelo…

Mary. Me encanta Nueva York.

Charlie. Yo siempre te veo triste.

Mary. Sí, pero eso no es culpa de Nueva York. Nueva York es…

Charlie. ¿Qué?

Mary. Mi hogar. ¿Me pides que lo abandone?

 

 

 

 

 

 

 

Annie, una amiga de Sam, cena en un restaurante con un compañero del trabajo poco agraciado físicamente, Sam2, pero que está muy enamorado de ella.

Sam2.   ¿Qué te apetece, tinto o blanco?

Annie.    Sam, tenemos que hablar.

Sam2.   ¿Te refieres a que tienes que decirme que soy estupendo, pero que no puedes implicarte y que el problema no es mío sino tuyo y que te gustaría poder…? Prefiero no oírlo. ¿Quieres tinto o blanco?

Annie.    Sam, yo, de verdad, no te convengo.

Sam2.  ¿Eres feliz?

Annie.    No, no soy feliz.

Sam2.   Yo puedo hacerte feliz, déjame quererte. Me entregaré totalmente. De hecho ya lo hago.

Annie.    Lo siento, yo no…

Sam2.   No, no me dejes plantado antes de empezar, por favor. Mírame. Lo entiendo, vale, en serio. Sé que no soy tu tipo. ¿Y si no sabes qué es lo mejor para ti?

Annie.    ¿Lo sabes tú?

Sam2.  Es posible.

Annie.    ¿De dónde has salido, Sam número 2?

Sam2.   De Westchester. ¿Sabes por qué siempre estoy en la quinta planta? La primera vez que te vi, ¡Dios!, pensé, ¡vaya!, es ella, la chica del turbante. Quiero estar cerca de ella. Créeme. No suelo hablar de esta forma, pero estoy loco por ti.

Annie.    ¡Cállate, vale, por favor!

Sam2.   Pero, ¿por qué?

Annie.    No, Sam, por favor, no digas eso.

Sam2.  Annie, escúchame. Cierra los ojos.

Annie.     ¿Qué?

Sam2.   Sólo quiero que me escuches. Hazme ese favor. No es fácil dejarse querer. A ti en concreto te cuesta más que a la mayoría, lo entiendo. Pero yo quiero que lo intentes, considéralo un experimento. Te prometo que seré maravilloso contigo, Annie. Creo que para eso tengo mucho talento. Te mereces ser querida, te lo mereces. Que tú no te lo creas no significa que no sea verdad. Es verdad para mí. De momento es lo único que importa.

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