ROMANCE MEDIEVAL: EL ENAMORADO Y LA MUERTE, Anónimo

Juglares anónimos hacia el siglo XIV crearon los romances como series indefinidas de versos octosílabos con rima asonantada en los pares para ser cantados acompañados de instrumentos sencillos. Los romances se transmitían oralmente y cada juglar podía modificarlo a su conveniencia, lo que explica la existencia de múltimples versiones de un mismo romance según la región de la que se tome.

La Jura de Santa Gadea_Alfonso VI y El CidLa mayor parte de los romances medievales son narrativos, como relatos en verso. Los más antiguos recogen episodios de los cantares de gesta, pero con el tiempo los juglares abordan otros temas históricos o inventados. Algunos romances son líricos.

Su estilo es sencillo, como corresponde al auditorio al que estaban destinados. El romance se centra en un momento determinado de la acción y suele interrumpirse de forma abrupta, algunas veces sin desenlace claro. Tiene un fuerte carácter damático con diálogos frecuentes. Usa algunas figuras literarias como las repeticiones, el epíteto y la exclamación. Se detiene en detalles descriptivos de lugares, ropajes, etc.

He elegido El romance del enamorado y  la muerte, en la versión cantada por Joaquín Díaz que podéis escuchar pinchando en este enlace.

Yo me estaba reposando
anoche como solía,
soñaba con mis amores,
que en mis brazos se dormían.
Vi entrar señora tan blanca
muy más que la nieve fría.
– ¿Por dónde has entrado, amor?
¿Cómo has entrado, mi vida?
Las puertas están cerradas,
ventanas y celosías.
– No soy el amor, amante:
La muerte que Dios te envía.
– ¡Ay muerte tan rigurosa,
déjame vivir un día!
– Un día no puedo darte,
– una hora tienes de vida.
Muy deprisa se levanta,
más deprisa se vestía.

Ya se va para la calle,
en donde su amor vivía.
– ¡Ábreme la puerta, blanca,
ábreme la puerta niña!
– ¿La puerta cómo he de abrirte
si la ocasión no es venida?
Mi padre no fue a palacio,
mi madre no está dormida.
– Si no me abres esta noche,
ya nunca más me abrirías;
la muerte me anda buscando,
junto a ti vida sería.
– Vete bajo la ventana
donde bordaba y cosía,
te echaré cordel de seda
para que subas arriba,
si la seda no alcanzare,
mis trenzas añadiría.

Ya trepa por el cordel,
ya toca la barandilla,
la fina seda se rompe,
él como plomo caía.
La Muerte le está esperando
abajo en la tierra fría:
-¡Vamos, el enamorado,
la hora ya está cumplida!

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