TEXTOS DRAMÁTICOS: Groucho Chico, Abogados, Hermanos Marx

Los hermanos MarxGroucho Chico, Abogados, son unos sketches radiofónicos que todo el mundo dio por perdidos. En 1932 la compañía radiofónica norteamericana NBC emitió veintiséis episodios —una comedia seriada, ágil, ligera y estrafalaria— protagonizados por Groucho Marx en el papel de W.T. Flywheel, un abogado cantamañanas y bromista, y por su hermano Chico en el papel de Emmanuel Ravelli, su perdulario asistente. A continuación, un fragmento del primer episodio.

Oficina de Beagle, Shyster y Beagle, abogados. Miss Dimple está al teléfono y oiremos a Groucho Marx en el papel de Mr. Beagle.

MISS DIMPLE: Buenos días, Mr. Beagle.

GROUCHO: Déjese de saludos. Póngame con el presidente Hoover. Hay una fotografía mía en la comisaría y no salgo favorecido. Parezco mi padre. En realidad, se trata de mi padre. Deje lo de llamar al presidente. Averigüe únicamente cuánto ofrecen de recompensa.

MISS DIMPLE: Mr. Beagle, tengo unas cartas para que me las firme.

GROUCHO (irritado): ¡Ahora no, ahora no! He tenido un día tremendo en el juzgado.

MISS DIMPLE: ¿De qué caso se trataba?

GROUCHO: Escándalo público, pero creo que me absolverán. ¿Y por qué no, si ella me pegó primero?

MISS DIMPLE: ¡Mr. Beagle! ¿Pegó usted a una mujer?

GROUCHO: Bueno, era de mi estatura. Incluso más pequeña. Además, si no fuera por mis propios arrestos, nunca tendría un caso. ¿Alguna llamada?

MISS DIMPLE: Sí, sus acreedores han estado llamando toda la mañana. Dicen que están cansados de telefonear y que habrá que hacer algo.

GROUCHO: Muy bien. Haremos algo. Mandaremos que se lleven el teléfono.

MISS DIMPLE: Vale.

GROUCHO: Es usted una chica estupenda. Le aumento el sueldo diez dólares.

MISS DIMPLE: Gracias, Mr. Beagle.

GROUCHO: No hay de qué. Por cierto, ¿por qué no me presta esos diez hasta fin de mes?

MISS DIMPLE: Pero Mr. Beagle, hace semanas que no cobro. Además, usted pasa por alto…

GROUCHO: Paso por alto muchas de las cosas que ocurren aquí. ¡Buena secretaria está usted hecha! ¿En qué ocupa usted el tiempo? El suelo está sin fregar, las ventanas sucias, y mis pantalones sin planchar siquiera.

MISS DIMPLE: Pero Mr. Beagle…

GROUCHO: Ya vale de hablar de esto. ¿Dónde están esos diez dólares?

MISS DIMPLE: No tengo ni un centavo.

GROUCHO: ¿Y quién le está pidiendo un centavo? Si quisiera un centavo rompería la hucha de mi hijo —si tuviera un hijo. Ahora estaré en mi oficina. Si suena el teléfono, no conteste. Puede que se hayan equivocado de número.

(Pasos; se cierra la puerta; llaman a la puerta.)

MISS DIMPLE: Adelante.

CHICO: ¡Hola! Me llamo Emmanuel Ravelli. ¿Está el jefe?

MISS DIMPLE: Está ocupado. ¿Tiene usted una tarjeta?

CHICO: Claro, pero si me da otra me la quedo encantado. Quiero ver al jefe.

MISS DIMPLE: ¿Para qué le quiere ver?

CHICO: Bueno, ¿sabe usted?, quiero el divorcio.

MISS DIMPLE: Mr. Beagle es un hombre muy ocupado. Tendremos que redactar un informe. Dice usted que se trata de un divorcio… Veamos. ¿Hijos?

CHICO: Desde luego. Seis, o puede que siete. No sé muy bien.

Espere, déjeme ver. Está Tony, está Josie, está Pasquale, está Angelino, está Jake… no, Jake no, no hay ningún Jake. Jake es el chiquillo de la vecina. Ya ve, los confundo. Y además tenemos otro crío.

MISS DIMPLE: ¿Otro? ¿Es niño o niña?

CHICO: No lo sé; aún no habla.

MISS DIMPLE: ¿Cuánto tiempo lleva usted casado?

CHICO: Se equivoca usted, señora, yo no estoy casado. Es mi hermano el que está casado.

MISS DIMPLE: Oh, es él quien desea divorciarse.

CHICO: No, qué va, él no quiere divorciarse. A él le gusta su mujer. El es feliz, aunque yo creo que está un poco chiflado.

MISS DIMPLE (atónita): ¿Me está usted diciendo que desea que él se divorcie sólo porque a usted no le gusta su esposa?

CHICO: Qué va, a mí ella me gusta, es una chica muy maja, pero no sabe guisar.

MISS DIMPLE: ¿Y su hermano se queja?

CHICO: No. El está satisfecho. Come cada día fuera.

MISS DIMPLE: ¿Y por qué no come usted fuera?

CHICO: Bueno, mire usted, yo no me lo puedo pagar. No tengo trabajo.

MISS DIMPLE: ¿Y por qué no se pone usted a trabajar?

CHICO: Vale, vale, deje lo del divorcio. Me quedo con el trabajo.

MISS DIMPLE: Hablaré con Mr. Beagle. ¿Dónde puedo contactar con usted?

CHICO: No lo sé señora. Sabe usted, tengo muchas cosquillas.

MISS DIMPLE: Quiero decir que dónde vive usted.

CHICO: Vivo con mi hermano.

MISS DIMPLE (impaciente): Siéntese un momento. Llamaré a Mr. Beagle. (Llama a la puerta.) ¡Mr. Beagle!

GROUCHO (ausente): ¿Qué? ¿Consiguió usted los diez pavos?

MISS DIMPLE: No; hay un hombre aquí fuera que quiere hablar con usted de un trabajo. (Se aproximan pasos.)

GROUCHO: Dígale que lo acepto. Pero que no trabajaré por menos de veinte dólares a la semana.

MISS DIMPLE: Se equivoca usted. El quiere un trabajo aquí.

GROUCHO: Ah, es él quien quiere un trabajo. Bien, creo que le puedo poner a trabajar.

CHICO: Yo no quiero trabajar. Sólo quiero un trabajo.

GROUCHO: ¿Y qué hay de las referencias?

CHICO: Bueno, así ya vale. Usted no necesita referencias. Me gusta su cara.

GROUCHO (tímidamente): Y a mí me gusta la suya —si es que eso es una cara. Es usted exacto a un tipo que yo conocía, se llamaba Emmanuel Ravelli. Dígame una cosa: ¿es hermano suyo?

CHICO: Emmanuel Ravelli soy yo.

GROUCHO: ¿Es usted Emmanuel Ravelli?

CHICO: Yo soy Emmanuel Ravelli.

GROUCHO: Entonces no me extraña que me recuerde a él. Pero sigo insistiendo en que hay un parecido.

CHICO: ¡Oiga! No hemos hablado de dinero.

GROUCHO: Eso me parece maravilloso. Si me promete no decir ni palabra del tema, yo tampoco lo mencionaré.

CHICO: Está bien, pero yo necesito más dinero.

GROUCHO: Le diré qué pienso hacer. Le daré seis dólares a la semana y usted se trae la comida.

CHICO: Bueno, pero…

GROUCHO: Voy a ir incluso más lejos. Le daré seis dólares a la semana y también me trae la comida a mí.

CHICO: Seis dólares semanales… seis… Oiga, jefe, yo no puedo vivir con seis dólares a la semana.

GROUCHO: Así que no puede vivir con seis dólares a la semana… Eso me hace totalmente feliz. Queda usted contratado.

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